Artículo actualizado el 30 de septiembre de 2026. Esta nueva versión sustituye nuestro artículo publicado en 2023 sobre las diferencias en el gasto energético entre llevar la bolsa de golf y utilizar un carro. Nuevas investigaciones permiten ahora ampliar la comparación al uso del buggy.
¿Es necesario llevar la bolsa a la espalda para aprovechar plenamente los beneficios físicos del golf? ¿Utilizar un carro manual reduce realmente el esfuerzo? ¿Y qué cambia cuando dejamos de caminar y utilizamos un buggy? Dos estudios publicados con varios años de diferencia permiten hoy separar dos cuestiones que a menudo se confunden: cómo transportar los palos cuando caminamos y qué cambia cuando dejamos de caminar. La respuesta a la primera contiene una sorpresa. La segunda es mucho más clara.
Llevar la bolsa no es necesariamente lo que más energía consume
Andreas Kasper, Amy O’Donnell, Carl Langan-Evans y sus colegas estudiaron el gasto energético de 16 golfistas de buen nivel, todos con un hándicap inferior a 5. Cada jugador disputó tres vueltas de golf en competición bajo tres condiciones diferentes: llevando la bolsa, utilizando un carro manual y utilizando un carro eléctrico. Por tanto, no se compararon tres grupos diferentes de golfistas, sino a los mismos jugadores sucesivamente en las tres situaciones.
Un acelerómetro Actiheart permitió estimar el gasto energético asociado a la actividad. Los investigadores también registraron la frecuencia cardíaca y recogieron después de cada vuelta la percepción del esfuerzo y el nivel de disfrute. Los resultados cuestionan una idea bastante extendida:
- carro manual: 756 ± 210 kcal;
- bolsa llevada a la espalda: 688 ± 213 kcal;
- carro eléctrico: 663 ± 218 kcal.
Fue, por tanto, con el carro manual, y no llevando la bolsa, cuando los jugadores registraron el mayor gasto energético medio. La diferencia global entre las tres condiciones se situó justo en el límite de la significación estadística (p = 0,05), mientras que los tamaños del efecto fueron pequeños o triviales según las comparaciones.
La diferencia media entre llevar la bolsa y utilizar un carro eléctrico fue de solo 25 kcal. Entre el carro manual y la bolsa alcanzó las 68 kcal, sin que existiera una diferencia estadísticamente significativa entre estas dos condiciones. El carro eléctrico se distinguió más por la forma en que se percibía el esfuerzo: el esfuerzo percibido y la frecuencia cardíaca máxima fueron menores en esta condición. Los investigadores, en cambio, no observaron diferencias significativas en cuanto al disfrute del juego.
En vueltas de aproximadamente tres horas y media, llevar varios kilos de material a la espalda no parece, por tanto, indispensable para aumentar de manera significativa el gasto energético de una vuelta de golf.
La verdadera diferencia aparece con el buggy
El primer estudio no respondía, sin embargo, a otra cuestión: ¿qué ocurre cuando un buggy sustituye gran parte de la caminata? Amy O’Donnell, Andrew Murray y sus colegas lo analizaron posteriormente en una investigación publicada en el European Journal of Sport Science.
Dieciséis golfistas masculinos de alto nivel, con una edad media de 20,9 años y un hándicap medio de 2,3, completaron dos vueltas aleatorizadas en condiciones similares a las de competición sobre un campo de campeonato de 6.587 metros. En una de las condiciones, los jugadores caminaban mientras un caddie llevaba su bolsa. En la otra, se desplazaban en buggy, también conducido por un caddie. La precisión es importante: este estudio compara caminar sin llevar la bolsa con utilizar un buggy. No compara directamente llevar la bolsa con desplazarse en buggy.
Los jugadores realizaron una media de 17.007 pasos caminando frente a 6.274 utilizando un buggy. Su gasto energético asociado a la actividad alcanzó 880 ± 279 kcal caminando frente a 456 ± 155 kcal en buggy, una diferencia media de 424 kcal.
Estas cifras no deben compararse directamente con las 688, 756 y 663 kcal del estudio de Kasper. Los protocolos, los campos y las condiciones experimentales fueron diferentes. Cada investigación permite comparar sus propias condiciones experimentales, no establecer comparaciones entre ambos estudios.
Caminar aumenta la carga física
Las diferencias van más allá del número de pasos y las calorías. La temperatura corporal fue superior caminando en los hoyos 6, 12 y 18. La frecuencia cardíaca aumentó progresivamente durante la vuelta a pie, mientras que disminuyó en la condición con buggy. El esfuerzo percibido después de la vuelta también fue mayor.
Los investigadores evaluaron además la potencia muscular de las extremidades inferiores antes y después de la vuelta mediante una prueba de salto vertical. La disminución del rendimiento después del recorrido fue mayor cuando los jugadores habían caminado. A lo largo de una vuelta, caminar supone por tanto una carga fisiológica y muscular superior a desplazarse en buggy.
Más cansado, pero no necesariamente menos eficaz
¿Se refleja esta fatiga en los golpes de golf? Los investigadores midieron la velocidad de la cabeza del palo, la velocidad de la bola y la distancia de carry en diferentes momentos de la vuelta. No apareció ninguna diferencia significativa en la velocidad de la cabeza del palo o de la bola entre caminar y utilizar un buggy en el conjunto de la vuelta.
Sin embargo, hubo una excepción que merece ser señalada. En el tee del hoyo 12, el carry medio alcanzó 249,4 yardas, aproximadamente 228 metros, en buggy, frente a 238,2 yardas, unos 218 metros, caminando. Este tee se encontraba inmediatamente después de una subida de 28,14 metros entre el green del 11 y la salida del 12. Los autores plantean por ello un posible efecto de fatiga aguda sobre la calidad del golpe, aunque esta diferencia corresponde a una única medición en un solo hoyo.
El estudio no permite afirmar que caminar reduzca el rendimiento golfístico a lo largo de 18 hoyos. Tampoco permite saber qué ocurriría después de varios días consecutivos de competición.
El buggy no reduce la carga mental percibida
Los investigadores también utilizaron el NASA-TLX, un cuestionario que evalúa seis dimensiones de la carga percibida: demanda mental, demanda física, presión temporal, rendimiento percibido, esfuerzo y frustración. Como cabía esperar, la demanda física fue superior cuando los jugadores caminaban. El rendimiento percibido también difería entre ambas condiciones.
Sin embargo, no se observó ninguna diferencia significativa en la demanda mental (p = 0,43), la presión temporal (p = 0,31), el esfuerzo según el NASA-TLX (p = 0,41) o la frustración (p = 0,82). En las condiciones de este estudio, utilizar un buggy no redujo, por tanto, la carga mental percibida por los jugadores.
4,5 MET con un carro, 3,5 en buggy
Una revisión exploratoria publicada por Andrew Hall y sus colegas en Sports Medicine permite situar estos experimentos dentro de un conjunto más amplio de investigaciones dedicadas al uso del buggy en el golf de competición. Los investigadores identificaron 879 publicaciones y seleccionaron 72. Agruparon la literatura en siete áreas: exigencias físicas, accesibilidad, exigencias cognitivas, cuestiones jurídicas y éticas, nutrición e hidratación, equidad deportiva y seguridad.
Esta revisión recoge, entre otros datos, los del 2024 Compendium of Physical Activities. La intensidad del golf se estima en:
4,3 MET caminando y llevando los palos;
4,5 MET caminando con un carro manual;
3,5 MET utilizando un buggy.
El MET —Metabolic Equivalent of Task— expresa la intensidad energética de una actividad en relación con el metabolismo en reposo. Estas cifras no constituyen una clasificación absoluta de las diferentes formas de jugar al golf. La propia revisión de Hall señala la heterogeneidad y las limitaciones de la literatura disponible. No obstante, los datos apuntan en una misma dirección: desplazarse en buggy reduce las exigencias físicas del golf, especialmente la distancia recorrida y el gasto energético.
Estudios realizados con golfistas muy diferentes de la mayoría de los amateurs
Esta literatura presenta una limitación importante a la hora de trasladar estas cifras al juego de cada golfista. El estudio de Kasper incluyó a 16 jugadores con un hándicap inferior a 5. El de O’Donnell estudió a 16 hombres con una edad media de 20,9 años y un hándicap medio de 2,3. En ambos casos se trata, por tanto, de muestras pequeñas formadas por golfistas de muy buen nivel.
No podemos asumir que las diferencias serían idénticas en un jugador de 60 o 70 años, con hándicap 20, en un campo muy accidentado, con mucho calor o con limitaciones físicas. La revisión de Hall recuerda precisamente otra función del buggy: hacer accesible el golf a personas para las que recorrer 18 hoyos a pie resultaría difícil o imposible. Destaca especialmente su utilidad para determinados jugadores con discapacidad o limitaciones de movilidad.
En esas circunstancias, comparar caminar y utilizar un buggy únicamente en términos de calorías consumidas pierde gran parte de su sentido. El buggy deja de ser simplemente una forma de ahorrar esfuerzo: puede ser lo que permita seguir jugando.
La bolsa o el carro no eran finalmente la cuestión esencial
En 2023 nos preguntábamos si era preferible llevar la bolsa o empujar un carro para aprovechar los beneficios físicos del golf. Los datos disponibles permiten ahora ofrecer una respuesta más precisa. Cuando el golfista completa el recorrido a pie, la forma en que transporta sus palos parece tener una influencia relativamente limitada sobre su gasto energético. Y, en contra de lo que podría sugerir la intuición, el valor medio más alto del estudio de Kasper se registró incluso con el carro manual.
La diferencia se hace mucho mayor cuando el buggy sustituye una parte importante de la caminata: en el estudio de O’Donnell, el número medio de pasos pasó de 17.007 a 6.274 y el gasto energético asociado a la actividad, de 880 a 456 kcal. Eso no convierte al buggy en una mala elección. Para algunos golfistas, al contrario, es la condición necesaria para poder jugar.
Pero para quien puede recorrer 18 hoyos a pie y desea aprovechar también el golf como actividad física, las investigaciones disponibles conducen a una conclusión mucho más sencilla que el debate entre bolsa y carro: lo esencial no es llevar los palos. Es caminar.
Referencias
Kasper A.M., O’Donnell A., Langan-Evans C. et al. Assessment of activity energy expenditure during competitive golf: The effects of bag carrying, electric or manual trolleys. European Journal of Sport Science, 2023, 23(5), 892-898. DOI: 10.1080/17461391.2022.2036817.
O’Donnell A., Murray A. et al. Riding a Golf Cart Versus Walking: A Study on the Physiological and Performance Differences in Tournament Golf. European Journal of Sport Science, 2026, 26(1), e70099. DOI: 10.1002/ejsc.70099.
Hall A.J. et al. The Use of Golf Carts as On-Course Transportation During Competitive Golf Events: A Scoping Review. Sports Medicine, publicación online en 2025, volumen 56, 2026. DOI: 10.1007/s40279-025-02354-8.
Ainsworth B.E. et al. 2024 Adult Compendium of Physical Activities: A third update of the energy costs of human activities. Journal of Sport and Health Science, 2024.
