«Inicia el downswing con las caderas».
Pocos consejos técnicos se han repetido tanto en el golf. Basta observar las fotografías de los mejores jugadores del mundo para que la idea parezca evidente: mientras el palo todavía está descendiendo hacia la bola, la pelvis ya ha comenzado a girar hacia el objetivo y, en el momento del impacto, las caderas aparecen claramente más abiertas que en la posición inicial.
Hace algunos años fotografié este movimiento durante el Open de Francia y quise comprobar hasta qué punto un jugador amateur podía reproducirlo en su propio swing. Hablé con varios profesores, grabé mi movimiento y utilicé TrackMan para comparar diferentes maneras de provocar una rotación más temprana de las caderas.
Hoy, los avances en biomecánica permiten volver sobre aquella pregunta con muchos más elementos. Y la conclusión es bastante más matizada que el consejo original.
Sí, el tren inferior desempeña un papel fundamental en el downswing. Pero decirle a un amateur que debe «girar más rápido las caderas» no significa necesariamente que vaya a realizar un mejor swing.
¿Qué ocurre realmente en el swing de un profesional?
En mi artículo original describía el downswing como una secuencia en la que el movimiento se transmite desde las caderas hacia el torso, los hombros, los brazos, las manos y, finalmente, el palo.
La idea general sigue siendo válida, aunque hoy merece una explicación más precisa. La investigación biomecánica utiliza desde hace años el concepto de secuencia proximal-distal para estudiar cómo se genera y transmite la velocidad a través de los diferentes segmentos del cuerpo.
Una revisión sistemática publicada en 2022 analizó 92 estudios sobre la cinemática del swing de golf. La secuencia proximal-distal sigue siendo un modelo importante para comprender la generación de velocidad, pero los investigadores también encontraron diferencias entre metodologías y resultados. No existe una única secuencia universal que todos los golfistas deban reproducir exactamente de la misma manera.
Esta precisión resulta especialmente importante para el jugador amateur.
Probablemente no existe un movimiento perfecto de las caderas que simplemente podamos copiar de un profesional. Los propios jugadores de élite presentan diferencias importantes.
Lo que sí se observa claramente es que la pelvis generalmente no permanece cuadrada respecto al objetivo hasta el impacto.
Un estudio realizado con 25 jugadores del PGA Tour y 25 jugadoras del LPGA Tour midió la orientación de la pelvis en el impacto. Los valores medios fueron aproximadamente 42 grados de apertura en los hombres y 52 grados en las mujeres, con desviaciones estándar de unos 12 y 11 grados respectivamente.
Las diferencias entre jugadores son casi tan interesantes como las medias. Los profesionales suelen llegar al impacto con la pelvis claramente abierta hacia el objetivo, pero no todos presentan exactamente el mismo ángulo.
No existe un número mágico.
Todo sucede en aproximadamente tres décimas de segundo
Existe otro problema con la aparentemente sencilla instrucción de «girar las caderas»: el downswing es extraordinariamente rápido.
Los estudios sobre la cinemática del swing sitúan habitualmente su duración alrededor de 0,3 segundos, aunque existen variaciones según el jugador, el palo utilizado y el protocolo de medición.
Conviene detenerse un instante en lo que significa ese dato.
En menos tiempo del que necesitamos para pensar conscientemente «gira las caderas», el golfista debe coordinar la pelvis y el torso, desplazar brazos, manos y palo, interactuar con el suelo y conseguir que la cara del palo vuelva hasta la bola.
Esto ayuda a comprender por qué una instrucción técnicamente razonable puede resultar extremadamente difícil de aplicar.
Cuando grabé mi propio swing para aquel primer artículo llevaba más de veinte años jugando al golf. Descubrí que, en el impacto, mi pelvis permanecía mucho más orientada hacia la bola que la de los profesionales que había observado. Sin embargo, aquel movimiento no me impedía jugar razonablemente bien ni alcanzar entonces hasta 150 metros con un hierro 7.
La cuestión interesante no era, por tanto, saber si mi cuerpo era capaz de girar.
La verdadera pregunta era por qué intentar conscientemente girar antes las caderas no producía automáticamente la secuencia que estaba buscando.
Las caderas no se «bloquean» en el impacto
Hay un punto importante de mi artículo original que hoy corregiría.
Entonces escribí que las caderas giraban y después se «bloqueaban», permitiendo que los brazos y el palo se liberaran y aceleraran hacia la bola.
Era una imagen fácil de comprender, pero biomecánicamente demasiado simplificada.
Es más correcto hablar de aceleración y posterior desaceleración de los diferentes segmentos corporales. La pelvis puede alcanzar su máxima velocidad de rotación relativamente pronto y comenzar después a desacelerar mientras otros segmentos de la cadena continúan acelerando.
Por tanto, lo que visualmente puede parecer un «bloqueo» de las caderas corresponde mejor a una desaceleración de la pelvis, no a una parada real.
La diferencia es importante. Un golfista que intente detener voluntariamente sus caderas podría interpretar completamente mal la instrucción. El objetivo no consiste en frenar bruscamente la pelvis, sino en organizar una transmisión dinámica del movimiento y de la velocidad a través del cuerpo hasta llegar al palo.
¿Y si el downswing comenzara realmente desde el suelo?
Aquí es donde las investigaciones más recientes aportan una dimensión especialmente interesante.
Una revisión sistemática publicada en 2026 estudió las fuerzas de reacción del suelo y el desplazamiento del centro de presión durante el swing de golf. Los investigadores seleccionaron 24 estudios que cumplían sus criterios científicos. Diferentes trabajos muestran relaciones entre determinadas fuerzas ejercidas contra el suelo, los patrones de presión y la velocidad de la cabeza del palo, aunque los autores también advierten de las diferencias metodológicas entre estudios.
Esto cambia ligeramente nuestra forma de interpretar el downswing.
Las caderas no giran de forma aislada en el espacio.
El golfista interactúa con el suelo a través de los pies, genera fuerzas con las piernas y modifica la distribución de las presiones durante el swing. Esa interacción participa en el movimiento del resto del cuerpo.
Por eso hablar simplemente de «transferencia de peso» puede resultar insuficiente. El desplazamiento de la masa corporal, el centro de presión y las fuerzas de reacción del suelo son fenómenos relacionados, pero no significan exactamente lo mismo.
La biomecánica moderna ofrece así una imagen bastante más compleja que el tradicional consejo de «pasa el peso al pie izquierdo».
Lo que ocurrió cuando intenté hacerlo
Esta nueva perspectiva también permite reinterpretar uno de los ejercicios que probé en mi artículo original.
El profesor estadounidense Eric Cogorno proponía aumentar rápidamente la presión sobre el pie delantero durante la transición. Cuando comenté este principio con el profesor francés Guillaume Sauzet, lo relacionó con la tradicional reprise d’appui, es decir, la recuperación del apoyo sobre el lado delantero, y llamó especialmente mi atención sobre la presión ejercida a través del talón izquierdo en un jugador diestro.
En aquel momento mi pregunta era muy sencilla: ¿esta acción conseguiría que mis caderas girasen antes?
Lo probé con TrackMan.
Al llevar antes la presión hacia la pierna izquierda observé un aumento de la velocidad de swing. Sin embargo, cuando analicé las imágenes no encontré el espectacular aumento de rotación de la pelvis que esperaba. Mis brazos seguían teniendo un papel muy importante en el movimiento.
Sería muy fácil convertir hoy aquella experiencia en un titular espectacular: «Gané velocidad utilizando mejor las caderas».
Pero no sería científicamente riguroso.
Unas pocas series de golpes realizadas por un único golfista no constituyen un experimento controlado. La velocidad puede variar debido a la intención del jugador, el calentamiento, la calidad del impacto y muchos otros factores.
Sin embargo, aquella experiencia sí permite extraer una conclusión interesante:
Un mejor dato en TrackMan no demuestra que hayamos realizado correctamente el cambio biomecánico que pretendíamos conseguir.
El radar nos dice qué ocurrió. No necesariamente explica por qué ocurrió.
Girar más las caderas no significa necesariamente hacer un mejor swing
Este es probablemente el aspecto en el que más cambiaría mi análisis original.
Quería conseguir una mayor rotación de las caderas porque observaba una gran rotación en los mejores jugadores.
Pero ese razonamiento contiene una trampa.
Observar una característica en los profesionales no significa automáticamente que un amateur vaya a mejorar intentando aumentarla de manera consciente.
El problema de un jugador puede encontrarse en el timing, los apoyos, la movilidad, el equilibrio, la relación entre pelvis y torso o incluso en alguna compensación necesaria para su propio swing. En determinados casos, intentar abrir agresivamente las caderas desde lo alto del backswing podría incluso alterar negativamente un movimiento que hasta entonces funcionaba.
Aquí aparece una de las grandes paradojas de la biomecánica moderna.
Cada vez somos mejores midiendo qué sucede durante un swing de golf. Resulta mucho más difícil convertir esas observaciones en una instrucción universal sobre lo que cada golfista debería hacer.
La revisión sistemática de 2022 sobre la cinemática del swing encontró diferencias considerables entre estudios y métodos de medición. La investigación sobre las fuerzas de reacción del suelo conduce a una conclusión igualmente prudente: existen relaciones claras entre la manera en que el golfista utiliza el suelo y determinadas variables de rendimiento, pero eso no significa que exista un único patrón que todos debamos copiar.
El swing es una cadena de movimientos, no una colección de posiciones.
El verdadero problema puede ser la secuencia
Curiosamente, este es uno de los aspectos de mi antiguo artículo que mejor ha resistido el paso del tiempo.
Cuando hablé sobre la rotación de las caderas con los profesores Rina Rajao, Guillaume Sauzet y Xavier Bretin, ninguno de ellos presentó este movimiento como la clave absoluta del swing.
Xavier Bretin, en particular, me animó a generar un mejor movimiento global del cuerpo en lugar de intentar activar aisladamente la pelvis.
Años después, esa prudencia pedagógica sigue teniendo mucho sentido.
Un amateur que baja el palo principalmente con los brazos no necesita necesariamente «girar más fuerte las caderas». Quizá necesite organizar mejor la transición entre backswing y downswing y coordinar de forma más eficiente sus apoyos, las fuerzas ejercidas contra el suelo, el movimiento de la pelvis, la rotación del torso, los brazos y finalmente el palo.
La tecnología actual permite medir estos movimientos con una precisión extraordinaria.
Pero esas mediciones también nos han permitido comprender hasta qué punto el swing es complejo.
Detrás de una instrucción de cuatro palabras puede esconderse toda una cadena biomecánica.
Entonces, ¿hay que iniciar el downswing con las caderas?
Si «iniciar el downswing con las caderas» significa que un swing eficiente utiliza el tren inferior y organiza progresivamente el movimiento y la velocidad hasta transmitirlos al palo, sigue siendo una descripción útil de un principio biomecánico importante.
Si significa que todo jugador amateur debería abrir las caderas de manera consciente y agresiva desde lo alto del backswing, la respuesta es mucho menos evidente.
Más rotación no significa automáticamente mejor rotación. Girar antes no significa necesariamente secuenciar mejor. Y reproducir frente a una cámara la posición de un profesional en el momento del impacto no significa haber reproducido el movimiento que permitió a ese profesional llegar hasta ella.
Quizá eso era precisamente lo que mostraba mi experimento original, aunque entonces no dispusiera de todos los conocimientos necesarios para explicarlo.
Había entendido la instrucción. Había probado diferentes métodos. Había medido mis golpes. En algunas series incluso había generado más velocidad.
Pero mi pelvis no empezó de repente a comportarse como la de un jugador del Tour.
Y, en realidad, no había nada sorprendente en ello. Un movimiento repetido durante años y miles de golpes no se transforma radicalmente después de unas decenas de bolas simplemente porque ahora conozcamos la posición que queremos alcanzar.
El consejo «inicia el downswing con las caderas» no es necesariamente falso. Es incompleto.
La pregunta más interesante no consiste únicamente en saber qué parte del cuerpo se mueve primero, sino en comprender cómo utiliza el golfista el suelo y cómo coordina pelvis, torso, brazos y palo durante las aproximadamente tres décimas de segundo de las que dispone para volver hasta la bola.
Es una explicación menos espectacular que prometer descubrir «el secreto del downswing» en cinco minutos.
Pero probablemente está mucho más cerca de la realidad del swing de golf.
