Este artículo se publicó por primera vez en 2018 en Jeudegolf.org. Tres años después fue ampliamente actualizado para MyGolfMedia y vuelve a publicarse en 2026, un año después del ataque informático sufrido por el sitio web. En 2018, un estudio científico comparó el Zepp Golf 2 con un TrackMan 4. Con la perspectiva que da el tiempo, la historia de este pequeño sensor plantea una pregunta que sigue plenamente vigente: ¿cuándo un dato se vuelve lo bastante fiable y relevante como para ayudar realmente a un golfista a mejorar?
En 2015 probé el Zepp Golf con mucho interés. Era un pequeño sensor que se colocaba en el guante y se conectaba a una aplicación móvil. En una época en la que el acceso a los datos del swing todavía estaba reservado principalmente a profesionales equipados con costosos radares y monitores de lanzamiento, la propuesta resultaba muy atractiva: por unos 150 euros, un jugador amateur podía empezar a medir su propio swing.
Mi primera valoración fue positiva. Tres años después, tras haber utilizado tanto el Zepp como el Zepp Golf 2, haber golpeado miles de bolas con estos dispositivos y, sobre todo, haber comprado un TrackMan 4, mi opinión había cambiado profundamente.
Entonces publiqué un segundo artículo explicando por qué ya no recomendaba el producto. Con todavía más perspectiva, aquella historia resulta hoy más interesante que el propio Zepp Golf, porque también ilustra los límites de una prueba de material realizada durante un periodo demasiado corto.
Por qué creí en Zepp Golf
El concepto de Zepp era inteligente. El pequeño sensor inercial se fijaba al guante de la mano adelantada y registraba los movimientos del jugador durante el swing.
La aplicación proporcionaba diferentes datos, entre ellos la velocidad del swing, el plano del palo, el plano de las manos, el tempo, el ángulo del backswing y la velocidad de las manos. También podía estimar la rotación de las caderas colocando el smartphone en un bolsillo.
En 2015, todo aquello resultaba bastante espectacular.
Los datos empezaban a adquirir cada vez más importancia en la enseñanza y el fitting, pero evidentemente un jugador amateur no tenía un TrackMan en su garaje. Yo utilizaba regularmente este tipo de radar desde 2012, aunque por entonces ni siquiera imaginaba que acabaría comprando uno.
Zepp parecía ofrecer un puente entre las sensaciones del jugador y la medición. En lugar de limitarme a pensar que mi swing era demasiado rápido o que mi backswing era demasiado largo, de repente disponía de cifras y de una representación tridimensional del movimiento. Podía golpear una bola, mirar el teléfono y recibir inmediatamente información sobre mi swing.
Eso fue lo que me convenció. Sin embargo, un dispositivo capaz de producir muchos datos no necesariamente produce los datos adecuados ni lo hace con la fiabilidad suficiente para orientar un entrenamiento.
Tres años de uso cambiaron mi opinión
Cuando retomé el tema en 2018, disponía de algo que inevitablemente faltaba en mi primera prueba: tiempo.
Había utilizado el Zepp durante mucho tiempo y también había probado su segunda generación. Pero, sobre todo, había acabado comprando un TrackMan 4. Esa experiencia fue cambiando progresivamente mi manera de interpretar los datos.
Con Zepp, por ejemplo, había dedicado mucho tiempo a observar el plano de mis manos. La aplicación proponía unos valores de referencia e intenté modificar mi movimiento para acercarme a ellos. Con perspectiva, debería haber empezado planteándome una pregunta mucho más sencilla: ¿qué problema concreto del vuelo de la bola estaba intentando solucionar?
Lo mismo ocurría con el plano del palo o la velocidad de las manos. Un dato puede resultar interesante y puede cambiar con el entrenamiento sin que necesariamente sea una variable sobre la que un jugador deba intervenir directamente.
TrackMan me obligó a razonar de otra manera. El path del palo, la orientación de la cara, el loft dinámico, la calidad del impacto y las características del vuelo de la bola permitían establecer una relación mucho más directa entre una acción y su resultado. Podía identificar un problema, intervenir sobre el swing y comprobar si la trayectoria evolucionaba realmente en la dirección deseada.
La diferencia no estaba únicamente en la cantidad de datos disponibles, sino en su relevancia.
Cuando un dato puede orientar el entrenamiento en la dirección equivocada
El ángulo del backswing es probablemente el mejor ejemplo de algo que interpreté mal en aquella época.
Buscaba aumentar mi velocidad con el driver. Al observar los datos de Zepp, empecé a intentar aumentar deliberadamente la amplitud de mi backswing. Eso podía generar efectivamente más velocidad de la cabeza del palo, pero había convertido una posible correlación en un objetivo técnico.
Con más experiencia y después de hablar con diferentes profesores de golf, fui priorizando otros aspectos: coordinación entre la parte superior e inferior del cuerpo, secuencia del movimiento, calidad del impacto y, finalmente, velocidad de bola.
Un backswing más largo no es automáticamente un backswing mejor. En algunos jugadores, intentar aumentar artificialmente su amplitud puede dificultar la coordinación o perjudicar la calidad del contacto.
El problema, por tanto, no era que Zepp mostrara el ángulo del backswing. El problema era que yo convertía aquella información en un objetivo sin haber determinado previamente si respondía realmente al problema que intentaba solucionar.
¿Estaban justificadas mis dudas sobre la velocidad?
La velocidad de la cabeza del palo era el aspecto sobre el que tenía mayores reservas.
Como Zepp estaba colocado en el guante, me preguntaba cómo un sensor situado en la mano podía determinar con suficiente precisión la velocidad de un punto situado en el extremo opuesto del palo.
En mi artículo de 2018 fui demasiado lejos al escribir simplemente que las mediciones eran «incorrectas». Un estudio publicado ese mismo año permite formular hoy aquella crítica con mucha mayor precisión.
Investigadores de la Universidad Técnica de Chemnitz y de la Universidad de Gotemburgo compararon el Zepp Golf 2 con un TrackMan 4. El estudio incluyó a 20 golfistas con hándicaps de entre 0 y 54 y analizó 300 swings realizados con diferentes categorías de palos.
Conviene señalar inmediatamente dos limitaciones. Se trata de un artículo breve publicado en las actas de un congreso de la International Sports Engineering Association y el estudio analiza únicamente la velocidad de la cabeza del palo. Por tanto, no permite extraer ninguna conclusión sobre la rotación de las caderas, el plano de las manos, el tempo, el ángulo del backswing o la representación 3D del Zepp Golf 2.
En lo referente a la velocidad, sin embargo, los resultados son especialmente interesantes.
Bastante exacto de media, pero no suficientemente preciso golpe a golpe
Para entender los resultados hay que distinguir dos conceptos: la exactitud, es decir, hasta qué punto el valor medio se aproxima al valor de referencia, y la precisión o repetibilidad, que refleja la consistencia de las mediciones de un golpe a otro.
En cuanto al valor medio, el Zepp Golf 2 obtenía resultados bastante razonables.
En comparación con TrackMan 4, la diferencia media era de +4,6 km/h con el wedge, +0,9 km/h con el hierro 7 y −2,7 km/h con las maderas.
Vistas de forma aislada, estas cifras parecen tranquilizadoras. Sin embargo, los límites de acuerdo del 95 % cuentan una historia diferente. En un golpe individual con el hierro 7, la diferencia respecto a TrackMan podía situarse aproximadamente entre −12,9 y +14,7 km/h. Con el wedge, el intervalo iba aproximadamente de −9,7 a +18,9 km/h, y con las maderas, de −18,7 a +13,3 km/h.
Los autores estimaron el error aleatorio en aproximadamente un 12 % y mencionaron posibles errores de medición de hasta 27 km/h.
Para un golfista que está entrenando, esto no es un simple detalle estadístico. Es el núcleo del problema.
Imaginemos a un jugador que trabaja durante varias semanas o meses para ganar unos pocos kilómetros por hora con el hierro 7. Si la diferencia entre la medición de Zepp y la referencia puede superar los 10 km/h en uno u otro sentido en un solo swing, el ruido de la medición es mayor que la mejora que el jugador intenta detectar.
Por tanto, que Zepp indique una mayor velocidad en un swing no significa necesariamente que el jugador haya ganado realmente velocidad. Parte de esa diferencia puede proceder simplemente de la variabilidad de la propia medición.
Esta explicación es mucho más rigurosa que la que escribí en 2018. El problema no era necesariamente que Zepp proporcionara sistemáticamente una velocidad equivocada. El promedio de una serie de swings podía estar relativamente cerca de la referencia, mientras que las mediciones individuales podían carecer de la precisión necesaria para interpretar determinados cambios con confianza.
Lo que el estudio no dice sobre Zepp
Sería tentador utilizar este estudio para confirmar retrospectivamente todas las críticas que formulé contra el producto. Sin embargo, los investigadores únicamente analizaron la velocidad de la cabeza del palo.
Mi valoración del tempo, del plano de las manos, del plano del palo, de la rotación de las caderas o de la representación 3D sigue basándose, por tanto, en mi experiencia personal como jugador y probador de material, y no en una validación científica.
La representación 3D es un buen ejemplo. En 2018 escribí que era «perfectamente exacta». En realidad, no disponía de ningún sistema de medición independiente que me permitiera comprobarlo.
Hoy solo puedo afirmar que aquella representación me parecía coherente con mi movimiento y que constituía una de las funciones más convincentes del producto.
Esta distinción resume bastante bien cómo ha evolucionado mi manera de probar material: separar lo que observo, lo que siento, lo que realmente puedo medir y lo que puedo demostrar.
No todo era inútil en Zepp
Cambiar de opinión sobre un producto no significa reescribir su historia afirmando que todo era malo.
Zepp me hizo tomar conciencia, por ejemplo, de que mi tempo era muy rápido. No puedo garantizar retrospectivamente la precisión de aquella medición, porque el estudio de 2018 no evaluó el tempo, pero sí me llevó a trabajar un aspecto de mi swing al que hasta entonces había prestado muy poca atención.
El otro beneficio fue todavía más indirecto: Zepp me dio ganas de entrenar.
Golpeé cientos y después miles de bolas con aquel sensor. Observaba mis datos, hacía pruebas e intentaba comprender mejor mi swing. No puedo afirmar que progresara gracias a los algoritmos de Zepp. Sin embargo, seguramente entrené más porque el dispositivo hacía que la práctica resultara más entretenida y medible.
Lo que Zepp Golf todavía puede enseñarnos en 2026
Zepp Golf pertenece ya a una generación anterior de dispositivos conectados para golf. Sin embargo, su historia sigue siendo un excelente caso de estudio.
En 2015 tenía delante un producto tecnológicamente atractivo. Mostraba velocidades, ángulos y gráficos. La aparente precisión de aquellas cifras aumentaba de forma natural la confianza que depositaba en ellas.
Pero producir una cifra y realizar una medición suficientemente fiable para orientar un entrenamiento son dos cosas diferentes. Después aparece otra cuestión: aunque una variable esté correctamente medida, tiene que ser relevante para el problema que el jugador intenta solucionar.
Probablemente ese fue mi principal error durante mi primera prueba de Zepp. En ocasiones confundí medir más con comprender mejor.
Cinco preguntas que debemos hacer a cualquier herramienta de medición
Antes de utilizar un monitor de lanzamiento, un sensor, un reloj o una aplicación para modificar el swing, hoy considero esenciales cinco preguntas:
- ¿Qué mide realmente el dispositivo? ¿Mide directamente la variable que muestra o la calcula a partir de otros datos mediante un algoritmo?
- ¿Es exacta la medición? En una muestra suficientemente amplia, ¿se aproxima a una referencia reconocida?
- ¿Es precisa y repetible? ¿La variabilidad de la medición es suficientemente baja como para distinguir una mejora real del simple ruido de medición?
- ¿Es relevante ese dato para el problema del jugador? Que algo pueda medirse no significa que haya que intentar modificarlo.
- ¿Modificar ese dato mejora realmente el resultado? En golf, el juez definitivo sigue siendo la bola: calidad del impacto, velocidad, dirección, trayectoria y dispersión.
Por tanto, un sistema puede medir correctamente una variable sin que esta constituya necesariamente una buena variable de entrenamiento.
Probar material también significa saber cambiar de opinión
Cuando escribí mi segundo artículo en 2018, lo comencé con una frase que hoy me parece incluso más importante que entonces:
«Debo disculparme aquí con mis lectores.»
Tres años antes les había recomendado un producto y consideraba que la experiencia acumulada desde entonces me obligaba a reconsiderar aquella recomendación.
Sin embargo, no reniego de mi primera prueba. Reflejaba honestamente lo que había observado y pensado en 2015. Lo que le faltaba era precisamente aquello que una prueba de unas horas o unos días difícilmente puede ofrecer: el tiempo suficiente para determinar si los datos generados por un dispositivo cambian realmente la comprensión del swing y la manera de entrenar del jugador.
Ocho años más de perspectiva me llevan hoy, a su vez, a matizar algunas afirmaciones demasiado categóricas de aquel segundo artículo de 2018.
Eso también forma parte de probar material de golf.
En el caso de Zepp, necesité miles de bolas, dos generaciones del producto, experiencia con otros sistemas de medición y la comparación con un estudio independiente para comprender mejor lo que realmente tenía delante en 2015.
Zepp Golf partía de una excelente idea: hacer que la medición del swing fuera accesible al mayor número posible de golfistas. Su historia me enseñó, sobre todo, que puede existir una distancia considerable entre producir un dato y producir un dato suficientemente fiable, relevante y útil como para ayudar a un golfista a mejorar.
Esa lección sigue siendo plenamente vigente en 2026.
Fuente científica: Paul Lückemann et al., Validation of an Inertial Sensor System for Swing Analysis in Golf, Proceedings of the 12th Conference of the International Sports Engineering Association, 2018. Consultar el estudio en MDPI
